Estar agradecido con lo que se tiene; es disfrutar las cosas como son.   

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Tuve la bendición de tener unos padres que me amaron y me apoyaron hasta el punto donde yo se los permití, me educaron para ser alguien autónoma y rápidamente quise poner a prueba esa habilidad, aun estaba estudiando mi carrera cuando comencé con un trabajo a medio tiempo, la vida era complicada, entre el horario del trabajo, la escuela y los deberes apenas me quedaba tiempo para dormir, pronto comencé a comprarme mis primeras cosillas, aquel maquillaje que tanto me gustaba, aquel perfume caro que mi papá no me quiso comprar y algunas prendas que sabía que mis padres nunca aprobarían y mucho menos me comprarían.

Fui feliz por un tiempo con aquellos pequeños logros y gustos que me daba, y me sentía orgullosa de poder mantener mis notas intactas incluso con lo ocupada que me encontraba, pero esos pequeños logros me dieron un tinte de arrogancia, como ahora no necesitaba “quedar bien con mi papá” para que me comprara nada creí que de alguna manera me había puesto a su altura, porque trabajaba y estudiaba, creía que era la gran cosa por haber logrado algo que muchos otros también hacían y que ellos no podían elegir si hacerlo o no, lo hacían por necesidad, pero yo comencé a portarme altanera con mis padres.

Obviamente me llamaron la atención y me castigaron, así que como ya no me gustaba que me dijeras “que hacer con mi vida” decidí irme de la casa, rente un departamento con dos amigas que convencí de hacer lo mismo, entre las tres nos dividimos los gastos del piso que alquilamos juntas, pero las cosas no eran tan sencillas como las imaginaba de entrada, pronto comenzamos a sentir la escases de muchos lujos que anteriormente ni notábamos, ahora había que pagar renta, luz, agua, teléfono y gas, y lo poco que ganábamos apenas nos alcanzaba para sobrevivir.

Comprendí entonces que la vida era más difícil de ganarse de lo que yo pensaba, pero no quería aceptar mi error y disculparme con mis padres, quería demostrarles que ellos estaban mal y yo bien, así que a pesar de las quejas de mis amigas yo siempre trate de influenciarles para que vieran el lado positivo de nuestras vidas, teníamos “una libertad por completo” cosa que era una tontería porque entre el trabajo y la escuela había pocas horas para dedicarnos a “usar esa libertad” y tampoco es que tuviéramos dinero para salir de paseo o de compras.

Al final nos dimos por vencidas en menos de un semestre, termine agachando la cabeza ante mis padres y esta vez no fue por conveniencia, fue por convicción propia y por la conciencia de saber todo lo que hacían por mi sin que yo me diera cuenta, entendí también que las personas siempre tenemos el ojo puesto sobre aquello que deseamos y no tenemos, pero damos por hecho todas las bendiciones que tenemos en el día a día, hoy recuerdo esa época de mi vida y me da hasta risa, pero creo que fue una gran lección para mi haber comprendido que yo aún no tenia los medios, ni la preparación para ser completamente independiente, y me ayudo a darme cuenta de lo bendecida que era de tener unos padres que me educaran y me ayudaran en tantas cosas.

Acepté que era mi tiempo de ser hija obediente y fui feliz sabiendo que podía despreocuparme por un tiempo de todas esas otras cosas que en algún momento llegarían, comprendí lo importante de terminar mi carrera para que cuando me tocara enfrentarme a la vida pudiera tener un mejor sueldo y sobre todo aprendí a aceptar las cosas como son y ser feliz con mi realidad.

Autor: Chivy