Las paredes que construimos para que no entre la tristeza, también impiden que entre la alegría.

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Solo los valientes se pueden aventurar en las aguas turbias del amor, el amor no es algo que se pueda encontrar en cualquiera, porque la mayoría no son capaces de apostarse a si mismos por alguien más, la mayoría son unos simples espectadores de la vida, pretenden vivirla pero en realidad son como las hojas de los arboles en otoño y viajan hacia donde el viento las lleva, van por el mundo como barcos sin timón ni vela, y tratan de mantener una falsa creencia de que son los autores de sus vidas, pero en realidad sus historias las escriben aquellos que les rodean.

Amar realmente no es fácil, y estoy hablando del amor real, de ese en el que se ponen todas las esperanzas y sueños, en los que se entrega una confianza total, de los que solo buenas cosas se esperan aunque no siempre llegan, es por eso que muchas personas se refieren a esas valientes personas que se arriesgan a amar como unos locos, y es que en verdad desde el punto de vista de aquellas personas que no saben amar somos unos locos sin remedio, porque ellos no entienden como es posible amar a otra persona de tal manera que nuestro mundo se transforma son el simple hecho de tenerle cerca, no pueden entender como es alguien capaz de seguir arriesgándose a pesar de tantas decepciones, y como a pesar de tener el corazón roto seguimos intentado encontrar a alguien digno de nuestros sentimientos.

Aunque pensándolo bien quizás ellos tengan razón sobre nosotros, quizás no tiene mucho sentido buscar a una persona interesada en enamorarse en estos días, quizás somos unos excéntricos que buscan un tesoro que ya no existe, quizás somos unos bichos raros que no han sabido adaptarse a la modernidad de la vida, quizás somos unos anticuados con ideologías extrañas y difíciles de concebir para la mayoría de la gente, pero a final de cuentas ¿a quién importa?, son nuestras vidas las que están en juego a final de cuentas, son nuestros corazones los que sangran por el dolor y la decepción, y quizás llegue a haber momentos en los que parezca que no tiene sentido seguir intentándolo, cerramos nuestros corazones al mundo por miedo a volver a salir lastimados, pero en el fondo nos estamos engañando, en el fondo sabemos que no podemos permanecer así.

Algunas veces incluso hemos intentado ser como los demás, hemos intentado tratar de relacionarnos sin involucrarnos, hemos buscado solo la diversión y la felicidad, para terminar, dándonos cuenta de que somos incapaces de ser como aquellas personas que tanto daño nos han hecho, porque no podemos besar unos labios sin sentir algo a final de cuentas.

Estamos acostumbrados a vivir la vida a flor de piel, disfrutamos y sufrimos más que cualquiera, y aunque los momentos tristes se quedan grabados en la piel, también en los momentos felices la pasamos mejor que una persona promedio, en el fondo sabemos que no podemos vivir esta vida de manera inerte, sabemos que en algún momento debemos derribas las barreras que construimos para refugiarnos, porque esas barreras que impiden a los demás hacernos daño, también nos impiden sentir el amor y la alegría de los demás, y para nosotros vivir un amor como espectadores es peor que haber muerto en vida, es incluso peor que vivir una decepción, porque estamos acostumbrados a “sentir la vida” y la ausencia de emociones es una agonía mucho peor que la misma tristeza.

Autor: Sunky