Soy alegre no porque nunca haya tenido problemas, los momentos difíciles me enseñaron se puede sonreír a pesar de los problemas.

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La vida pocas veces se decanta por un extremo, son pocas las ocasiones en las que somos totalmente felices o totalmente miserables, es entonces cuando nuestra actitud nos dice como debemos sentirnos, la verdad es que todos tenemos siempre la opción de ver el vaso medio vacío o medio lleno, pero casi siempre terminamos viéndolo de la forma en que nos estamos sintiendo en el momento, es por eso que muchos pueden llegar a pensar que son victimas de las circunstancias, que nada tiene que ver con ellos, que todo pasa por asares del destino y que poco podemos hacer realmente para cambiar lo que nos está sucediendo.

He decidido ser alegre a pesar de los demás, y digo a pesar porque parece ser que a nadie le gusta ver una sonrisa en la cara ajena, ya que las envidias corren más rápido que la chispa por el combustible, y siempre hay un acomedido con la mejor intención de venir a chingarte la existencia, y si bien es cierto que es más sencillo ocultar tu felicidad para evitar las envidias y las habladurías de la gente, yo no pienso perder mi tiempo ocultando lo que siento para satisfacer a nadie, ya que no vivo de sus criticas si no de mi propio esfuerzo, no les debo ni explicaciones ni consideración alguna.

Mucha gente cree que soy feliz porque no tengo problemas en mi vida, creen que soy un espécimen raro que nunca a experimentado el verdadero sufrimiento, creo que se sorprenderían si pudieran por un momento calzarse mis zapatos, pero la verdad es que son tan pesados que estoy segura que a la mayoría se los quitaría de inmediato, quizás si me decidiera a contarles un poco de mi vida podrían comprender que no están ante alguien que nació con la suerte de no haber llorado nunca, entenderían que mi suerte la he cambiado yo misma, y que he forzado al destino a darme algo mejor que lo me había preparado en varias ocasiones, que me he negado rotundamente a aceptar menos de lo que en realidad merezco, entenderían que la felicidad que tengo es algo que me he ganado, y que tuve que pelear muchas veces para defenderla.

Sin embargo puedo decir con orgullo, que me ha costado mucho pero ha valido la pena, y fueron precisamente esos momentos tan difíciles que pase los que me enseñaron las lecciones más grandes de mi vida, fue esa hoguera tan ardiente la que me templó en la mujer que ahora soy, y es por eso que después de haber vivido tantas cosas difíciles, tantas traiciones y sin sabores, que ahora cuando la vida ni me trata bien ni mal me resulta sencillo sonreír, nadie sabe lo rico que es hasta que se queda sin nada, y yo pasé por una austeridad total en todos los sentidos, por eso sé que ahora estoy bendecida, por eso se que no debo perder mi tiempo llorando por lo que llego a perder, porque siempre llega algo nuevo también, y muchas veces suele ser mejor.

He dejado mi melancolía guardada en aquel cajón obscuro que casi nunca abro, he aprendido que esta vida se vive luchando, que solo los cobardes se esconden, y que son ellos después los arrepentidos por no haberlo intentado, me he caído y me he levantado la misma cantidad de veces, así que no tengo miedo de la derrota si no de perder la oportunidad de intentarlo, y sobre todo he aprendido que lo mismo cuesta estar triste que contento, y que la diferencia casi siempre la marca nuestro dialogo interno, aquellas palabras que nos decimos a nosotros mismos frente a alguna circunstancia, pero también he aprendido que mientras más victorias alcanzas, más sencillo es lanzarte a una nueva batalla.

Estoy viva y quiero disfrutar el tiempo que pueda seguir existiendo, porque nadie sabe cuando se terminará su propia historia, y seguiré mi camino alegre, porque he aprendido que se puede sonreír a pesar de los problemas.

Autor: Sunky