Cuando te digan “te quiero”, pregunta “¿para qué?”, porque luego te enamoras a lo pendejo.

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¿Cuántas veces se repetirá esta historia entre nosotras las mujeres?, ¿Cuántas veces seremos presas de nuestras expectativas de ser amadas?, esperar algo con impaciencia es un error que nos puede poner el ojo del huracán, la paciencia es un don que te ayudará a pasar por alto muchos tragos amargos, y aunque parezca que las “oportunidades” de ser felices se escapen de nuestras manos debemos conservar la templanza y pensar fríamente sobre la decisión que estamos a punto de tomar, ya que dejar entrar a alguien en nuestro corazón puede ser lo más sencillo del mundo, pero sacarlo después es el problema.

El amor no puede florecer entre la desconfianza, es por eso que el momento de ser desconfiado es precisamente antes de permitirnos enamorarnos de alguien a quien no conocemos bien, y es que es común pensar que hay decisiones que deben tomarse su tiempo de reflexión, por ejemplo cuando quieres escoger una profesión, o cuando quieres visitar algún lugar del mundo, y si bien una profesión es tan importante porque definirá a lo que nos dedicaremos el resto de nuestras vidas o una gran parte de nuestro futuro, el decidir si alguien es digno de nuestra confianza, si merece ser amado o si es mejor pasar de él es casi igual de importante, porque se trata de la persona que podría acompañarnos el resto de nuestras vidas, sé trata de aquel que puede hacernos más felices de lo que somos o aquel que nos puede sumergir en la desesperación.

Yo que pensaba que por fin había encontrado el amor, yo que tenía tanta prisa por comenzar a vivir esa historia romántica que terminaría en una boda e hijos, en un hogar lleno de risas y de cariño, no tuve cuidado de cerciorarme si él decía la verdad, si en realidad era quien decía, si pensaba y actuaba con armonía a sus supuestos ideales, yo no me detuve a pensar y solo quería apresurar las cosas lo más que se podía, fui la presa perfecta porque él también quería apresurar las cosas pero tenía otros planes distintos a los míos, me entregue a él con el pretexto de ver si éramos compatibles en el sexo, y bueno lo demás es historia, nuestros encuentros se limitaron solo a eso, y las charlas sobre el futuro poco a poco fueron desapareciendo, y cuando existían él solo se limitaba a decir “como tu quieras amor, será como tú quieras”.

Me dijo lo que quería escuchar, y yo le di lo que quería obtener, y un día de pronto solo desapareció de mi vida, yo estaba contenta porque tenía una gran noticia que darle, estaba embarazada y la noticia que yo creí era la más feliz de mi vida pronto se convirtió en una gran tragedia, mi hijo no tendría un padre que le educara, lo cuidara y le apoyara, lo comprendí en ese momento, me di cuenta de lo estúpida que fui, de lo fácil que se lo puse, me tire en el suelo a llorar y a lamentarme las malas decisiones que tomé, pero ahora mismo no tengo tiempo que perder, no puedo dedicarme a sufrir por alguien que seguramente ya me olvidó, alguien a quien realmente nunca le importé, alguien que será padre y nunca lo sabrá, tengo un hijo en camino, que necesitará de todo lo que sea capaz de darle, y no puedo detenerme a llorar porque el tiempo se pasa volando y cuando menos te lo esperas las fechas llegan.

Aprendí por las malas como usualmente me pasa, porque no soy mujer capaz de aprender de las experiencias ajenas, pero aprendí que cuando alguien te dice “te quiero” es bueno averiguar “¿para qué?”, porque así ya sabes a lo que te atienes, así ya sabes si le entras o no, así sabes si debes cuidarte o pasar de largo, porque luego si no preguntas terminas enamorándote a lo pendejo.

Autor: Sunky