Que no te asuste mi maldad, si mi maestro fuiste tú.

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Nunca me ha gustado ser una carga para nadie, me gusta que las personas que entran o salen de mi vida se vayan sin cargos de conciencia y es precisamente por eso que te prometí que no tendrías ese problema conmigo, no me considero una mujer buena ni mala, soy como me tratan, lo sabes muy bien ya que te toco vivir esa polaridad conmigo, cuando me respetabas y me brindabas cariño y tiempo te correspondía de la mejor manera.

Cuando comenzaste a mentirme, cuando trataste de verme la cara de idiota recibiste como pago la misma moneda, sé que de haberte dejado ir de mi vida al decepcionarme el destino se habría encargado de cobrar esa deuda, pero prefiero que la pagues ahora mismo para que después no te estés preguntando porque te pasaron esas cosas desagradables, porque las personas suelen olvidar rápidamente los males que hicieron y luego se preguntan por que el destino se ha ensañado con ellos, por eso decidí darte una probada de tu propia medicina.

Se que mi actitud es tonta, sé que con tal de castigar a las persona que me han hecho daño termino inmolándome al mismo tiempo, pero prefiero hacerlo de esa manera para seguir adelante sin reclamos propios por no haber hecho nada, no me considero la maestra de nadie, no vine a educarte ni a ti ni a ningún otro canalla que me ha traicionado, pero la verdad es que aunque para vengarme terminé haciéndome daño a mi misma, creo que al final valió la pena, creo que haberte hecho sentir en carne propia la falta que me hiciste me permitirá a final de cuentas seguir con mi vida sin volver a mirar hacia atrás, me permitirá perdonarte y dejarte en el pasado que es el lugar que te mereces sin duda, y sinceramente no me creo capaz de poder hacerlo sin antes cerciorarme de que hubieras entendido el daño que me hiciste.

Los hombres son muy absurdos en su manera de pensar, creen que es “natural” que ellos puedan caer en una infidelidad, creen que las mujeres debemos de perdonarles sin más, porque tienen una naturaleza traicionera, porque de nacimiento son incapaces de mantener su bragueta cerrada, pero si es la mujer la que hace lo mismo, ahí no parece tan “natural”, ahí no tiene nada que ver la naturaleza y si pudieran nos mandarían a la hoguera, no solo serían incapaces de perdonarnos un acto tan vil si no que se encargarían de que todo el mundo supiera que somos unas putas que no valemos la pena, así que cuando me pediste regresar después de tu bajeza, y me pediste que te perdonara prometiéndome que no lo volverías a hacer te dije que te perdonaría sin duda pero necesitaba unos días para ordenar las cosas en mi cabeza.

Fue por eso que me acosté con tu mejor amigo, para que vieras que se siente que se burlen en tu cara, fue por eso que me encargue de decirle en varias ocasiones que tenía la necesidad de hacerlo porque me habías obligado, porque con tu impotencia no podías complacerme y estaba desesperada por sentirme mujer, porque desde que estuvimos juntos jamás fuiste capaz de hacerme sentir plena en la cama, fue por eso que después yo misma te confesé lo que había hecho y te dije “ahora si te puedo perdonar, ahora ya nada me debes estamos igual”, era claro y lógico que pondrías el grito en el cielo, y que irías a reclamarle a quien creías tu mejor amigo, pero cuando lo amenazaste comenzó a difundir el asunto sobre tu impotencia y quedaste como el peor de los idiotas.

Ahora si podemos pasar pagina los dos, puedes seguir tu vida y tratar de quemarme todo lo que puedas, tratarás de hacerme ver como una puta sin duda, pero cada vez que lo hagas diré que no tuve opción, que tu impotencia me obligo a mirar a mi alrededor en busca de consuelo, ahora si estamos a mano, no te guardo rencor, así que no te asustes de mi maldad, que mi maestro fuiste tú.

Autor: Sunky