Odio cuando mi risa se convierte en lágrimas.

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Me agradan esas personas que te miran de frente y te dicen “me caes mal”, o “voy a hacerte daño”, me agradan porque muchas veces perro que ladra no muerde y porque si intentan de verdad hacerte algo al menos ya estas preparada para defenderte, porque te dan tiempo de pensar que harías en caso de que intentaran hacerte daño, te preparas psicológica mente y esperas sus ataques e incluso algunas veces te permites contra atacarlos, es sencillo resistir este tipo de embates cuando te los han anunciado, es bueno saber quienes no te quieren, o quienes pretenden hacerte daño, por eso me gustan estas personas, porque no se esconden ni disfrazan, vienen a ti y te enfrentan mirándote a la cara.

Pero no todas las personas son así de valientes y sinceras, hay muchas que se esconden en las sombras o se disfrazan de amigos o de una pareja, hay personas que pueden ocultarse detrás de una actuación incluso por años, son pacientes y aprenden de ti, encuentran tus debilidades, se ganan tu confianza, y se dan cuenta de la mejor manera de hacerte daño, se ponen en una área donde les puedes considerar incluso aliados, te hacen creer que cuidarán de ti, y de alguna manera como es normal con el tiempo terminan ganándose tu confianza, y es cuando menos te lo esperas que atacan, muchas veces incluso esperan a que alguna otra tragedia de la vida te llegue para hacer su acto canalla, llegan y te patean donde más te duele cuando la vida te ha hecho caer al suelo, lo peor de todo es que es un ataque completamente inesperado, porque incluso puedes alegrarte cuando les ves venir pensando que te tenderán la mano y te ayudaran a levantarte, pero en cambio solo llegan a darte el golpe de gracia.

Soy una luchadora, estoy acostumbrada a los golpes de la vida, estoy acostumbrada a no caerle bien a todo el mundo y sé que algunas personas me atacarán aun sin haberles hecho nada, no me importa, sé que así es la vida, pero si hay algo a lo que no puedo terminar de acostumbrarme, es a esas puñaladas por la espalda que llegan de las personas que se supone te protegerían, a esas traiciones que no eres capaz de notar porque tu vista esta puesta en los lugares donde crees que hay peligro y es por eso que nunca las ves venir, nunca te das cuenta de una traición hasta que ya se ha consumado, hasta que notas tu sangre correr por la espalda y entonces te volteas para darte cuenta de que una vez más la persona en que tanto confiabas no se merecía un carajo.

Odio cuando eso me pasa, y lo odio más porque me sigue pasando, porque soy incapaz de cerrarme a las personas, en el fondo quiero seguir conociendo gente nueva, tengo la ilusión de terminar encontrando a personas que valgan la pena, a gente que me comprenda y que me acepte a pesar de mis locuras y fallas, pero cada vez es más difícil seguir confiando en las personas nuevas porque odio que mi sonrisa se termine volviendo en llanto.

Autor: Sunky