Quiero la magia de una relación real.

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Durante un tiempo me resigné quería una historia de amor de esas que da gusto contarlas, de esas que hacen a muchas personas morirse de la envidia y creí que no tendría oportunidad de vivir alguna así en mi vida, especialmente porque ya me encontraba casada, tenía una vida hecha y no estaba dispuesta a dejar esa tranquilidad que tenía en mi familia y mi marido que al menos para mi pasaba sin pena ni gloria me brindaba todo lo que él podía, era un hombre cariñoso a su manera y siempre me había hecho sentir como la única y la más importante en su vida, todo eso era suficiente como para no querer mirar hacia otro lado, lo que tenía era lo suficientemente bueno como para no querer arriesgarlo.

Pero aun así sentía una molestia dentro de mí, me sentía inquieta pensando que quizás había elegido demasiado rápido, pensaba que si bien no me había ido mal quizás podría haberme encontrado a alguien mejor, y por más que intentaba ignorar ese pensamiento siempre volvía a hacerme sentir mal, a apagarme aquellos días felices y llenos de tranquilidad, llegue incluso a pensar en que había cometido un error al casarme quizás demasiado pronto, y las pruebas no se hicieron esperar, “dicen que la duda es la grita en el corazón que puede terminar partiendo una relación en dos”, y como es normal llego un momento en el que nos peleamos mi marido y yo.

Fue como si el destino se encaprichara en hacerme fallar que en el momento en el que estaba más enojada se presento ante mi un hombre que parecía sacado de una de mis fantasías, y aquella determinación que siempre tuve de no fallarle a mi marido y a mi en ese momento se encontraba más mermada que nunca, vacile por un momento y contemple la posibilidad de caer en una infidelidad, incluso llegue a contemplar que de irme bien en esa aventura podría caber la posibilidad de cambiar de pareja, porque había algo dentro de mi que me hacia querer más, y un sentimiento que me decía que mi relación no era lo suficientemente buena para mí.

Ese sentimiento de tener algo completamente prohibido frente a mi me hizo vibrar, me hizo sentir como una jovencita nuevamente, tenía ganas de llegar hasta las ultimas consecuencias, aunque no me había detenido a pensar bien cuales serían aquellas consecuencias, pero un pensamiento cruzo por mi mente, y de pronto me imagine a mi marido haciendo lo mismo que yo estaba a punto de hacer, y fue ahí donde las cosas comenzaron a dejar de ser atractivas, me di cuenta de que no podía siquiera imaginar a mi marido con alguien más, me dolía de solo pensarlo y no sería capaz de soportarlo en la vida real, mucho menos habiendo sido yo la causa de que el estuviera en los brazos de alguien más.

Me disculpe con aquel muchacho y le dije que me había interpretado mal, que me había parecido atractivo pero nada más, que era feliz al lado de mi marido y que no le quería fallar, después de eso regrese a mi casa y una amiga me esperaba en la puerta, tenia ganas de platicar, acompañadas de un café me contó lo mal que se sentía, me contó como después de innumerables intentos había sido incapaz de encontrar a alguien que le aceptara como ella era, como la mayoría de los hombres que se habían acercado a ella solamente querían el calor y la emoción de una aventura que siempre terminaba en un frío adiós, me contó que la llama de la pasión se había encendido en su vida muchas veces, que había encontrado a hombres que no había sido capaz de imaginar antes, pero que siempre por una u otra cosa sus relaciones no terminaban de funcionar, me dijo que ahora solo buscaba alguien con quien poder sentir una estabilidad emocional, alguien que le quisiera por quien era, que no la quisiera cambiar, alguien que fuera responsable y que buscara un futuro a su lado y yo me quede con un nudo en la garganta.

Me di cuenta de que ella tenía lo que yo en un tiempo tanto envidiaba y que ella misma buscaba aquello que yo tenia en mi vida, un hombre que siempre me acepto tal cual, que nunca me pidió cambiar algo que para mi fuera importante, alguien que se esforzaba por que su familia estuviéramos bien, alguien que a pesar de no ser muy expresivo me decía que me amaba, y sobre todo siempre me lo demostraba, alguien que a pesar de siempre estar muy ocupado encontraba un momento para estar conmigo y abrazarme aunque fuera solo por un momento, me di cuenta de que aquello que tenía en mi vida era lo que realmente quería y necesitaba, que las otras ideas que me molestaban eran meras opulencias y cosas superficiales que a final de cuentas no tenían un valor real, me di cuenta de que en mi relación había magia, una magia real, porque había encontrado a alguien capaz de vivir a mi lado y ser feliz simplemente por compartir nuestras existencias, porque nunca me pidió nada más que mi amor incondicional igual al que él me daba.

Autor: Sunky