Muchas veces somos nosotros mismos, el peor enemigo.

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¿Alguna vez te has preguntado que tan fuertes son tus ideales realmente?, ¿Qué tan delgada puede llegar a ser la línea que te mantiene en el lado de las buenas personas y que tan fácil podría ser cambiarte de lugar?, ¿Cómo defenderte cuando eres una victima y en que momento detenerte antes de convertirte en el victimario?, y es que esto es algo en lo que pocos piensan, pero una realidad a fin y al cabo, no creo ser la única que ha conocido personas honestas que terminan siendo seducidas por el poder y el dinero, convirtiéndose así en aquellas personas que solían señalas con el dedo, convirtiéndose en aquello que más detestaban, yendo en contra de sus propios principios y palabras, igualmente personas que eran fieles y sinceras terminan convirtiéndose en infieles mentirosos, nadie esta exento, a todos nos puede pasar si no tenemos claros nuestros ideales y los separamos de nuestros intereses por completo.

Y es que da la impresión de que siempre es un atajo el corromperse, las personas siguen pensando que haciendo las cosas mal se llega más rápido, y quizás sea cierto, pero ¿realmente vale la pena pagar ese precio?, ¿no sería mejor esperar a conseguir las cosas solo con nuestro esfuerzo y perseverancia y poder seguir sintiéndonos orgullosos de nosotros mismos?, y me imagino que ahora estarás pensando que todas aquellas personas que se cambiaron al bando contrario lo hicieron de manera deliberada, pero te sorprendería saber que muchos ni siquiera se han dado cuenta de que ya no son los mismos de antes, muchas personas se transforman en aquello que aborrecían apenas sin notarlo, porque siempre hay algo dentro de nuestra cabeza que se encarga de darle sentido a lo que hacemos, y nos hace creer que tenemos los motivos correctos para actuar tal cual lo estamos haciendo.

Un viejo sabio decía a sus aprendices que todos teníamos dos lobos dentro de nuestros corazones luchando todo el tiempo. Uno es malvado, es ira, envida, celos, codicia, tristeza, egoísmo, orgullo y agresividad. El otro es bueno, es alegría, paz, amor, esperanza, solidaridad, simpatía, generosidad, verdad, compasión y fe. Entonces uno de sus aprendices pregunto: ¿Cuál lobo ganara la batalla?, y el sabio respondió: El que tú alimentes más. Todos estamos siempre oscilando, entre estos lobos alimentándolos día a día, unas experiencias alimentan a uno y otras, al contrario, pero debemos de estar atentos a lo que dejamos entrar en nuestros corazones y nuestras mentes, porque si nos descuidamos podemos cometer el error de alimentar demasiado al lobo incorrecto y una vez uno vence por completo es muy difícil recuperar al caído.

Es imposible no alimentar al lobo malo de vez en cuando, pero deberíamos alimentarle lo menos posible, porque un mal momento puede hacernos caer en una profunda obscuridad de la que quizás seamos incapaces de salir por mucho tiempo, todos tenemos el potencial de convertirnos en todo lo contrario a lo que queremos, la línea muchas veces es demasiado frágil, y es por eso que en la medida de lo posible debemos evitar tener estos malos sentimientos, quizás algunos no puedan evitarse porque sería mentirnos a nosotros mismos sobre lo que estamos viviendo, pero si podemos erradicarlos lo antes posible, porque si no lo hacemos no estaríamos durmiendo con el enemigo, ni lo tendríamos en nuestra espalda o asechándonos desde afuera, seríamos nosotros mismos quienes nos estaríamos autodestruyendo desde adentro, así que ten cuidado de no convertirte en tu peor enemigo.

Autor: Sunky