No es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita.

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Las personas cambian más rápido que nada, y muchas veces sin darnos cuenta estamos rodeados de completos extraños, muchas veces ni siquiera somos conscientes de estos cambios, pero de un momento a otro puedes llegar a sentirte como que ya no encajas en tu circulo rutinario de amistades, o con los miembros de tu familia con los que más te juntabas, todo lo que nos sucede en el día a día tiene repercusiones en nuestra manera de pensar y de sentir, algunas cosas son más trascendentes que otras y por lo mismo mucho más notorias, pero nada pasa por ti sin dejar una huella por pequeña que sea, somos como las piedras de un río, que van chocando con otras piedras, con hojas de los arboles e incluso con la misma corriente, estos eventos nos transforman, algunos más que otros, pero todos repercuten en nuestro presente.

Quizás no todas las personas quieran cambiar, pero nadie puede resistirse al cambio, somo seres que evolucionan constantemente, aunque quizás muchos de estos cambios no sean los más adecuados ni los mejores, quizás muchas veces hubiera valido la pena poder seguir siendo aquellas personas que fuimos antes, pero no hay elección, nadie puede congelarse en el tiempo para no cambiar, es por eso que muchas veces las personas son unas y después de un tiempo son alguien completamente distinto, es por eso que muchas veces sentimos que nos fallaron o que nos dejaron solos en el camino, y aunque es verdad que siempre van a existir mentirosos que son capaces de decir lo que sea con tal de obtener lo que quieren, quizás en una gran parte de los casos en las que las personas cambian lo hagan sin querer o incluso sin darse cuenta.

 

Y es que en el camino todos terminamos perdiendo algo, todos hemos estado en una situación que nos obligue a elegir, a sacrificar algo de nosotros, y tenemos que tomar una dura decisión, es por eso que es de vital importancia conocernos profundamente y tener bien claro que es lo que en realidad necesitamos para ser felices, que es aquello que nos resulta fundamental, cuales son nuestros valores más importantes y que son estructurales para que nuestra esencia no se pierda, porque si no somos conscientes de esto, no podremos defender aquello que nos hace únicos y distintos de todos los demás, estaremos traicionando a aquellos que pusieron su confianza en nosotros, pero mucho peor, estaremos perdiéndonos en el camino, estaremos diluyéndonos en el pasar el tiempo, estaremos permitiendo que la corriente se lleve lo más preciado que tenemos, y no es a las personas que nos acompañan si no la esencia de nuestra propia existencia, nuestro verdadero “Yo”.

Esta vida de consumismo nos ha encarcelado con grilletes que no se ven, pero que son más pesados que cualquier otra cosa, estamos presos de nuestros propios deseos, aunque muchos de esos deseos no son nuestros en realidad, han sido impuestos por modas o mercadotecnias que nos hacen creer que necesitamos esto o aquello para ser felices, y constantemente sacrificamos lo más valioso que tenemos como personas: nuestros valores, nuestros verdaderos ideales e incluso aquellas personas que nos aman incondicionalmente, por alcanzar lujos o cosas que cuando las terminas obteniendo te das cuenta de lo vacías que están, pero como sacrificaste tanto en el camino para obtenerlas tendrás que repetirte a ti misma muchas veces que valió la pena, y al decirlo tantas veces alguien te escuchará y creerá que esa es la verdadera felicidad, y emprenderá un camino en el que se despoje de todo lo realmente importante por obtener ese vacío que pagaste tan caro.

 

Es triste cuando alguien te traiciona o se aleja, siempre será horrible ver como las personas se venden al mejor postor, como cada vez las personas son más bien tratadas como mercancías que como lo que realmente son: seres invaluables e irrepetibles, y sin embargo, estas personalidades especiales siguen tratando desesperadamente de homologarse para conseguir algo que no vale nada, así que “ten cuidado con lo que buscas por que lo puedes encontrar”, ten cuidado con aquellas cosas que definas necesarias, y ten en mente que “todo tiene un precio”, mantente alerta para que “ese precio” nunca sea tu verdadera esencia o tu libertad ya que si el dinero o la opulencia fueran sinónimos de felicidad no habría tantos casos de gente millonaria suicidándose, porque “no es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita” -San Agustín.

Autor: Sunky