Yo había decidido no creer en el amor.

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Cada vez estoy más convencida de que el amor es intrínseco de las personas, esta en nuestra propia naturaleza, no podemos escapar de esa parte de nosotros que siente, no podemos impedir que el amor nos toque, y mientras más fuerte es la resistencia más fuerte el golpe que recibimos cuando nos descuidamos, sigo pensando que la mayor parte de los fracasos amorosos se deben a que ni nosotros mismos sabemos lo que estamos buscando, adoptamos los estándares que se nos dicen son aceptables o deseables, pero no nos detenemos a pensar por nosotros mismos que tanto se parecen estos estándares a lo que estamos buscando en realidad, no nos detenemos a preguntarnos que tantas personas en el mundo encajan con estos estándares, y tampoco nos preguntamos si nosotras mismas encajamos en los que buscan los hombres.

Si estos estereotipos fueran en realidad correctos, solo un pequeño puñado de hombres y mujeres podrían enamorarse y ser felices, y yo no estaría dentro de ese pequeño puñado de personas, porque en definitiva no pertenezco a ningún estereotipo común de aquellos que los hombres buscan, ¿es entonces que estoy destinada a terminar mis días en soledad?, ¿es entonces mejor dejar de intentar enamorarme?, eso me preguntaba durante mucho tiempo, mi respuesta fue que lo mejor para mi era olvidarme de esas cosas que “no encajaban en mi”, debía apartarme de ese juego en el que solo los hombres perfectos y las mujeres perfectas pueden jugar y salir victoriosos, y sin darme cuenta yo misma me negaba la oportunidad de ser feliz, porque no entendía que era lo que estaba pasando y que había estado buscando el amor de la peor forma posible.

Cuando el amor nos llega suele sorprendernos, porque muchas veces llega de donde menos lo imaginábamos, porque desconocíamos que ese tipo de persona que terminó enamorándonos era precisamente lo que necesitábamos, muchas veces el amor se esconde de nosotros precisamente frente a nuestras propias narices, no es una burla del destino como muchos piensan, es que por mucho tiempo nos encaprichamos en buscar el amor donde nunca lo habríamos podido encontrar, es por eso que muchos encuentran el amor cuando ya no lo buscan, o cuando menos lo esperan, porque es precisamente en ese momento cuando son capaces de deshacerse de todos los estereotipos que tenían, es precisamente en ese momento cuando somos capaces de permitir que las personas adecuadas se acerquen a nosotros, porque ya no esperamos nada, pero al mismo tiempo ya no nos rodeamos de las personas equivocadas.

El amor llega de forma natural a casi todos cuando nos liberamos de las cadenas de esas etiquetas, cuando somos capaces de aceptar la verdad de lo que nos rodea sin pretender llamarle “bueno o malo”, las personas somos una combinación de muchas cosas, y etiquetarnos o etiquetarles solamente nos limita en nuestra capacidad de comprender lo maravilloso que puede ser aquella persona que tenemos frente a nosotros, no porque encaje en una etiqueta “buena”, si no precisamente porque es alguien completamente nuevo que nos ofrece posibilidades que solamente él puede darnos, solo tenemos que reconocer la verdad de aquellos que nos rodean, y lo único que tenemos que decidir sobre ellos es si les queremos o no en nuestras vidas.

Así fue como lo conocí cuando menos me lo esperaba, cuando ya no buscaba nada, incluso cuando huía del amor, le deje acercarse a mi porque no me representaba peligro alguno, ya que no encajaba en ninguna etiqueta que había buscado para enamorarme, y sin embargo él solo tuvo que sonreírme unas cuantas veces para despertar un sentimiento que había tratado de negar en mi vida, solo necesito de su sonrisa para derribar la muralla que había construido a mi alrededor, y cuando quise resistirme era demasiado tarde afortunadamente para mí, porque fue con él con quien conocí el verdadero amor y la felicidad de compartir mi vida con alguien que aún me sigue sorprendiendo con facetas que no conocía de él y eso me encanta.

Autor: Sunky