Dicen que la risa lo cura todo, pero en realidad te sana quien la provoca.

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Es bien conocido por la mayoría el hecho de que las personas cuando estamos tristes, cuando hemos caído tan fuerte que no podemos levantarnos, cuando hemos perdido el sentido de nuestra existencia, necesitamos de una razón para sonreír, porque nadie supera ese estado si permanece llorando, la tristeza y el llanto solo te van envolviendo en una obscuridad que cada vez es más pesada, que cada vez es más difícil de superar, te van ocultando la luz de las estrellas que te recuerdan que tienes sueños por alcanzar, que tienes personas esperándote verte sonreír y esa tristeza te hace sentir que no vales nada, que no vale la pena volver a intentarlo, que a final de cuentas estas mejor así, en la soledad, donde nadie pueda alcanzarte, donde nadie pueda llegar a tu corazón, porque existe el peligro latente que de dejar entrar a alguien nuevamente vuelvas a sufrir.

 

Sin embargo el sufrimiento no se hace menor, ni más llevadero, simplemente dejamos de sentir por completo, dejamos de tener importancia por todo, desde nuestras metas y sueños, hasta las personas que queremos, incluso hasta llegar a un punto tal que nos deja de importar lo que nos pase a nosotros mismos, y sin embargo sabemos en el fondo que necesitamos encontrar una manera de volver a sonreír, porque solo la sonrisa es capaz de disipar las tinieblas de la amargura que nos embriaga, pero en tal estado ¿Qué podría hacernos sonreír?, ¿Cómo podríamos ser felices por algo si ya todo nos ha dejado de importar?, ¿Cómo sonreír sin sentirnos completamente falsos?, una vez llegados a ese punto de tal depresión es difícil encontrar algo a lo que aferrarse, es por eso que nadie debe de permitirse nunca llegar a tal grado de tristeza o depresión.

Pero aún en el peor de los casos existe una posibilidad de volver a sonreír, existe una forma de volver a mirar la luz que para es punto incluso podemos haber olvidado que existía, y esa manera es que alguien más llegue y nos comparta de su felicidad, ya que las personas somos capaces de sentir la tristeza de las otras personas, pero también la felicidad, y yo tuve la suerte de encontrarme alguien así, alguien que contra todo pronóstico se acercó a mí, aun cuando yo le pedía que se marchara en el fondo quería que se quedara a mi lado, porque en el fondo a nadie le gusta sufrir, a nadie le gusta la soledad cuando esta representa solo la obscuridad, y yo necesitaba aferrarme a algo que me hiciera revivir mis ganas de vivir.

Es curioso que para salir de la tristeza o depresión se necesite sonreír, aunque esa sonrisa la provoque alguien más, es curioso que el remedio para el mal que nos aqueja sea precisamente aquel recurso al cual no podemos acceder por nuestro estado actual, pero es más curioso como el simple hecho de sonreír no es lo que en realidad nos termina curando, si no la compañía de esa persona que nos hizo aquel magnifico regalo, aquella persona que nos mostro la luz en medio de toda esa obscuridad, aquella persona que tuvo el valor de estar con nosotros cuando todos los demás prefirieron abandonarnos, y que nos hizo sentir que valíamos mucho aun cuando creíamos que ya lo habíamos perdido todo, y es que por más bajo que caigas jamás podrás perder lo más valioso que tienes, pues lo más valioso que todos tenemos somos nosotros mismos, es curioso que la risa no sea al final de cuentas aquello que nos terminó sanando, si no la compañía de aquello que nos la provocó.

Autor: Sunky