Nunca dejes de sonreír, es mejor llegar a vieja con arrugas en el rostro, que con estrías en el corazón.

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Siempre he sido una mujer muy sincera, especialmente conmigo misma, y eso es algo de lo que me siento completamente orgullosa, sin embargo, ¿pueden dos realidades ser contradictorias y verdaderas al mismo tiempo?, ¿Qué es la verdad?, ¿te has preguntado alguna vez sobre esto?, y es que en esa obligación estoica que tenía por perseguir la verdad y defenderla terminaba constantemente con una enorme tristeza en mi corazón, y es que la verdad que me rodeaba era completamente desalentadora, era como una espina clavada en mi alma y que me impedía sonreír, porque lo consideraba como si fuera mentir, como si estuviera tratando de engañarme a mi y a los demás sobre mi realidad, sobre mis circunstancias y creía que lo natural, lo adecuado, lo coherente con mi situación no era sonreír si no mostrar mi tristeza a los demás.

Sobraron las sabias palabras de muchas personas las cuales se interesaban por mi y por mi bienestar, personas que se ofrecieron a ayudarme y otras que solo me aconsejaban que sonriera, y me decían que una cara triste no ahuyentaba a los problemas si no todo lo contrario, y que era la sonrisa que me negaba a dibujar en mi rostro la cual tenía el poder de sacarme de aquella situación en la que me encontraba. Es curioso pero cierto el decir que una persona que demuestra su tristeza llama a más personas que le pueden hacer daño a su lado, a más personas que quieran aprovecharse de ella y terminar haciendo leña del árbol caído, es curioso también el saber que una sonrisa puede hacer llegar a tu vida cosas mejores, personas mejores y transformar una triste realidad en una llevadera, y con un poco más de tiempo en una feliz realidad.

Aún así, aún sabiendo todo lo anterior, no podía permitirme sonreír, consideraba que el negarme a mi misma, que el mentirme y tratar de engañar a todos y de paso a mi era un precio que no quería pagar, incluso aún si el simple acto de solo comenzar a sonreír podría cambiar mi situación, y fue ahí donde sentí el impulso de buscar una razón para poder sonreír, solo necesitaba algo de lo cual aferrarme, porque no quería mentirme cuando al verme sonriendo me preguntara a mi misma porque lo estaba haciendo, para mi sorpresa no me fue difícil encontrar no una, si no muchas razones por las cuales podría sonreír incluso en aquella situación tan complicada, tan triste, tan gris, aún así tenía varias razones que avalaban una sonrisa sincera.

Mirando un poco más atrás, cuando decidí poner mi cara triste, me di cuenta que también en ese momento tenia muchas razones por las cuales pude haber sonreído, muchas más de las que tenía en mi presente obscuro, me di cuenta que siempre tuve la oportunidad de elegir mirar el lado bueno de mi realidad, pero que por alguna razón las personas siempre ponemos más atención a las cosas negativas, por alguna razón siempre parece más importante aquello que nos falta que todo lo que ya poseemos, no se si sea un mal habito el notar con mayor facilidad las cosas malas que nos rodean, pero aprendí que en verdad todos tenemos algo, o alguien por quien podemos sonreír sinceramente, y que las lagrimas y la tristeza son imposibles de evitar en algunos momentos de nuestra vida, pero que nos hace mucho daño dejar que la tristeza permanezca mucho tiempo en nosotros, porque nos roba la esperanza y la objetividad, nos hace olvidar que tenemos muchas razones validas para sonreír y ser felices, y sobre todo porque la tristeza es un circulo vicioso del cual es muy difícil  de escapar, cada vez caes más profundo, cada vez es más obscuro, cada vez es más difícil volver a la luz y a la verdad de que siempre podemos elegir si queremos ser felices o no.

Autor: Sunky