Sin rabia nada cambia.

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Siempre he sido una persona enojona, aunque no siempre expreso lo que siento o como me siento, he tenido que aprender a “controlar a la bestia que duerme en mi”, las conductas sociales me han enseñado que debo aprender a comportarme y que una sonrisa por falsa que sea es lo más adecuado que puedes devolverle a la personas que tienes frente a ti aunque te haya ofendido, las cachetadas con guante blanco son la única forma bien vista de hacer quedar como idiotas a aquellos que se paran frente a ti con la intención de humillarte o agredirte de alguna manera.

Toda mi vida he tenido que lidiar con la loba que tengo enjaulada en mi mente, con esa mujer férrea que le gusta decir las cosas de frente, que le gusta decir la verdad aunque duela, que le gusta saber quienes son sus enemigos y dictarles la guerra en su cara, y aunque trato de controlarme todo el tiempo hay veces que esta bestia se escapa y hace de mi vida un infierno, comete atrocidades que “nunca debieron pasar”, y me tachan de loca, de agresiva, de social mente inadaptada, pero sé que no soy la única que siente que vive una mentira, no soy la única que calla sus verdaderos sentimientos y al hacerlo siente que se clava ella misma una estaca en el pecho, no soy la única que quiere ser feliz en la vida, pero que no entiende porque las personas son incapaces de convivir con su verdadero yo.

Debo aceptar que ha habido días que me gustaría no tener esta naturaleza feroz, algunas veces he deseado ser una simple oveja como la mayoría lo son, poder sentirme tranquila con una vida mediocre y con lo que “me quieran dar de migajas de amor”, pero no puedo, y aunque pensaba que esta naturaleza desafiante que tengo solo me ha traído problemas ahora me doy cuenta de que no es así, porque hace poco me sucedió algo que me cambio la forma de ver la vida, una de esas historias en las que ya estas cansada de que se repitan una y otra vez y pareciera que nada va a cambiar y de pronto estallas, te molestas y dices “!Ya no más!”, entonces comencé a comportarme de una diferente manera y mi realidad cambio.

Fue entonces que me di cuenta de que las personas no cambian con los golpes de la vida, es la ira interna, es ese coraje, esa impotencia, esa rabia de no querer seguir pasando por lo mismo lo que nos “obliga a cambiar” y esto tiene su lógica, porque conozco personas que están cansadas de vivir un infierno todos sus días pero no son capaces de moverse, no son capaces de gritar, de levantarse del piso y buscar una realidad mejor, no son capaces porque están llenas de emociones contradictorias y en ese torbellino de emociones la única capaz de resaltar sobre todas las otras es la rabia, solo cuando te llenas de ellas puedes callar las dudas internas y poner las manos en acción.

Ahora entiendo que la rabia es parte de mí, esta ira que comúnmente trato de mantener bajo custodia es quien me ha liberado incontables veces de realidades que me pesaban, me dolían y me su bajaban, ahora siento gusto de tener esa parte de mi que, aunque a veces es problemática en muchas otras ocasiones es la única salida, porque entendí que “sin rabia nada cambia”.

Autor: Sunky