No hay nada que enseñe más que equivocarse.

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Seguimos diciendo en voz alta que sabemos que no podemos ser perfectos, que no pretendemos serlo, y sin embargo actuamos de forma completamente contraria, porque pensamos las cosas demasiado, y no estoy diciendo que sea malo pensar bien antes de tomar una decisión, no se trata de ir por la vida lanzándose de cabeza ante cualquier “oportunidad” que se nos presente, de lo que se trata es que una vez que pensamos que vale la pena intentarlo nos pongamos a ello y no le demos más vueltas al asunto, porque pensar demasiado las cosas también es malo, pensar demasiado hace aflorar nuestros miedos y terminamos posponiendo eternamente aquello que “queríamos hacer”, para años después terminar arrepintiéndonos de habernos quedado de manos cruzadas.

Debemos aprender a tener valor para perseguir nuestras metas y asumir que tenemos una posibilidad de equivocarnos en cada decisión que tomamos, por mucho que lo hayamos pensado hay cosas que simplemente no podemos saber o prever, pero esa no es razón para quedarnos de brazos cruzados, o para enterrar todos nuestros sueños y anhelos, es simplemente el precio que tiene la aventura de buscar aquello que queremos, porque si no hubiera riesgos tampoco habría éxitos, tampoco sería tan gratificante haber finalmente conseguido llegar a lograr lo que queríamos, si todo fuera fácil cualquier persona lo haría, y gran parte de nuestras vidas perdería sentido, porque son los desafíos los que nos forjan el carácter y las equivocaciones esas experiencias que nos marcan de por vida, que nos ayudan a recordar las lecciones aprendidas.

Sería muy tonto de nuestra parte impedirle a un niño que intente caminar por que sabemos de antemano que va a caerse unas cuantas veces antes de aprender a andar, pero de la misma forma sabemos que esa experiencia es necesaria para que aprenda y también sabemos que es seguro que después de un tiempo de práctica seguramente logrará caminar sin problemas, después querrá aprender a correr y de nuevo volverá a caerse algunas veces, y lo mismo aplica con todo lo demás, cuando aprendemos a cocinar nos cortamos o quemamos, cuando aprendemos a coser nos pinchamos, cuando aprendemos un trabajo echamos algunas cosas a perder y cuando aprendemos a amar o a quien no amar también nos llega a doler.

No cambies la lógica con la que te enseñaron desde niña a andar, porque si en ese entonces nadie te impidió llegar a caminar, ahora menos alguien podría impedirte llegar a donde realmente quieres estar, ya sea un trabajo, una persona, una familia, un descubrimiento o un conocimiento, todas las metas son alcanzables con una determinada cantidad de errores y nuevas calibraciones de nuestra estrategia para alcanzarlas, nunca permitas que nadie te diga lo que puedes o no puedes hacer, ni lo que debería importarte o no, ni que deberías tener, que te debería gustar, a donde deberías de ir, eso sólo puedes decidirlo tú, y una vez que lo decidas ponte en marcha y no mires atrás, ten la confianza de que solo es cuestión de tiempo que llegues a donde quieres llegar.

Autor: Sunky