En la vida nunca se fracasa, solo se descubre cómo no hacerlo.

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Algunas personas nuevas en mi vida me catalogan como alguien valiente, pero eso es porque tienen poco de conocerme, yo realmente era una persona completamente diferente, recuerdo claramente como me caía en pedazos después de cada decepción después de cada equivocación, mi seguridad se desplomaba y me costaba mucho recuperarme de cada caída y cada vez era más difícil hacerlo.

Llego un día en que sencillamente me cerré a la posibilidad de sentir amor, estaba fastidiada de todos esos mentirosos que siempre llegaban relucientes a mi vida y terminaban siendo un lastre para mi, yo nunca busque realmente la perfección en nadie, no tenía expectativas alocadas, no buscaba un príncipe azul, solo quería a un hombre capaz de comprometerse, capaz de sentir, capaz de ponerme en el lugar que me merezco que me den, pero aunque en un principio todos parecían ser de esa manera no tardaban mucho en descubrirse tal y como eran; unos oportunistas, unos sinvergüenzas que solo buscaban una pasión efímera.

Obviamente yo era la única afectada, porque al darme cuenta de sus intenciones ya había sido utilizada, aunque los terminara sacando de mi vida o aunque ellos mismos se fueran el daño ya estaba hecho y no podía dejar de sentirme mal, porque la mayoría coincidían en que yo solo era para pasar el momento y mis expectativas nunca fueron ser la diversión de nadie, así que simplemente deje de buscar el amor, y me dedique a ahuyentar de mi vida a todo aquel que me hablara con palabras dulces o que descubriera sus intenciones de andar conmigo.

Pero un día alguien me dijo: “¿Por qué te angustias tanto al equivocarte?”, ¿acaso no es más fácil errar al elegir a alguien que dar con el indicado?, no tiene sentido ponerse triste o sufrir por que las cosas no salieron como tu las querías, eso es lo más normal, y es bueno siempre y cuando hayas aprendido la lección, porque haz descubierto una nueva manera de cómo no llegar a lo que buscas, sus argumentos eran sencillos pero elocuentes, y fue entonces que mire a mi alrededor un poco y me di cuenta de que muchas mujeres pasaban por lo mismo que yo, pero algunas al final habían logrado encontrar lo que buscaban.

Es por eso que ahora ya no tengo miedo de equivocarme, equivocarse es de humanos, y siempre que te quede clara la lección y no cometas los mismos errores vale la pena lo que haz experimentado, en pocas palabras hoy me arriesgo porque sé que no hay otra manera de ganar y porque “En la vida nunca se fracasa, solo se descubre cómo no hacerlo”.

Autor: Chivy