Cuando dejas de perseguir las cosas equivocadas, la correcta te atrapa.

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Y me aferre tanto como pude a aquellas cosas que tanto anhelaba, tanto que no fue si no hasta que el dolor se hizo insoportable que me di por vencida, tenía las manos hechas trisas, sangrando las miraba y me decía a mi misma que ya no sería capaz de volver a intentar conseguir aquello que recién se había escapado de mi vida, un suspiro de tristeza fue la respuesta de mi cuerpo cansado, en ese suspiro también estaban mis esperanzas hechas añicos, mis sueños e ilusiones y todo aquello que había planeado, lo sabía muy bien, todo había terminado y no encontraba una razón para darle un nuevo sentido a mi vida, había por fin aceptado mi trágico destino, había declarado que desde ese momento ya no lo volvería a intentar, había sido un largo camino el que recorrí persiguiendo aquellas cosas que tanto me importaban, estaba fatigada, cansada y sin fuerzas ni ganas para volver a levantar la mirada.

Recuerdo como me lamentaba, como me decía “pobre de mí, todos mis esfuerzos fueron en vano”, y yo que siempre había pensado que el que persevera alcanza me encontraba en el limite de mis capacidades desconcertada, buscando una explicación valida al porque de mis fracasos, pensé en muchas posibilidades menos en la acertada, millones de pensamientos asaltaban mi mente y cada vez que trataba de poner alguno de ellos como explicación a lo que me había pasado simplemente no encajaba.

No había consuelo para mí, era mi fin, y hubiese sido feliz si en ese mismo momento un rayo me hubiera partido en dos, pero mi negatividad que ahora afloraba y controlaba todo mi ser me decía que “no tenía tanta suerte” como para que mi final llegara de manera tan sencilla, me decía que me “esperaba un futuro de sufrimiento y soledad” y de alguna manera estaba prepara y lista para enfrentar a aquel verdugo que se erguía frente a mí, aún sin creer del todo que me merecía sufrir por el resto de mi vida.

Hay un dicho que me ha quedado grabado en el alma al recordar aquellos tiempos, “cuando la noche es más oscura, es cuando a punto esta de amanecer”, y eso fue precisamente lo que me paso. En contra de toda posible predicción sin siquiera desearlo ni buscarlo, aquello que yo realmente necesitaba en mi vida apareció frente a mí, incluso debo aceptar que trate de resistirme, trate de escapar porque ya no quería una nueva decepción, porque ya no creía en que nada bueno me pudiera pasar, pero esta vez fui yo quien era perseguida y al final me atrapo.

Entendí entonces que aquello que busque con tanto esmero a pesar de ser lo que “yo creía que quería”, en realidad no lo era, entendí que fui yo misma al aferrarme tanto a aquel espejismo quien escapaba de mi propia felicidad, entendí que todos nos merecemos ser felices, pero que en realidad pocos sabemos realmente lo que queremos, pero aquello que esta destinado a pertenecernos en algún momento llega y nos atrapa, y a veces somos nosotros mismos quienes huimos de aquello que es correcto por aferrarnos a las cosas equivocadas.

Autor: Sunky