Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una gran sacudida, no es el fin del mundo, es el comienzo de uno nuevo.

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Viví atada a una realidad que no quería por mucho tiempo, más del necesario como para darme cuenta de que había cometido un error, pero dichos como “más vale malo por conocido, que bueno por conocer”, y el miedo intrínseco que tenemos todos los humanos a lo desconocido me hicieron permanecer en esa realidad abrumadora y hedionda de la que no debí participar jamás, pero los malos hombres al menos saben una cosa: y es aumentar el miedo que tenemos las mujeres de volver a comenzar, son buenos implantándonos pensamientos de infortunio y haciéndonos creer que la realidad que tenemos es aquella que merecemos, aunque nuestra voz interna nos este gritando que no es así, de alguna forma u otra logró convencerme de que tenía ni más ni menos que lo que me merecería, y en parte tenia razón, me merecía esa realidad porque no estaba dispuesta a pagar el precio de conocer una nueva.

Pero yo creo que nadie merece vivir con alguien que no le trate dignamente, nadie merece aguantarse las ganas de salir corriendo a buscar un lugar o una persona mejor, nadie se merece vivir en una realidad que no le satisfaga, a menos que no sea capaz de arriesgarse y tomar ese miedo en sus manos y convertirlo en valor, desgraciadamente son pocas las personas que son conscientes de lo que valen en realidad, la mayoría de nosotras vamos por la vida viendo lo que nos ofrecen, consultando con personas ajenas a nosotras mismas que y cuanto valemos, que y cuanto merecemos, cuando esa respuesta no debe de venir de otra parte más que de nosotras mismas, desgraciadamente soy de esas personas que aprenden por las malas, de aquellas que no hacen nada hasta que el ascio les supera y les hace reaccionar, más por la fuerza que por voluntad propia.

Desgraciadamente soy de esas personas que le dedicaban poco tiempo a hablar consigo mismas, soy de esas que preferían siempre tener la mente ocupada viendo la televisión o en una charla por más superficial que esta fuera, soy de esas personas que tenían miedo a la soledad, porque en la soledad es cuando esa voz interior nos habla más fuerte, y es cuando tenemos que escuchar aquellos reclamos de las cosas que hicimos indebidamente, y la verdad yo aborrecía que me dijeran en que estaba mal, incluso si era mi propia conciencia quien me llamaba la atención, siempre quise vivir mi vida despreocupadamente, siempre creí que ese era el secreto de la felicidad, pero una cosa es vivir despreocupadamente y otra muy distinta actuar por actuar, sin pensar, sin razonar que es lo mejor o que estaba haciendo mal, y cuando debía ser despreocupada en realidad era cuando más me acobardaba.

Terminé dejando esa relación atrás no porque fui lo suficientemente valiente como para arriesgarme, no porque terminara escuchando la voz interna que me reclamaba y me decía constantemente que estaba cometiendo un grave error. Terminé separándome de él porque la situación se hizo tan insoportable que prácticamente me obligo a dejarle, porque la realidad tan absurda que vivía a su lado era peor que cualquiera de mis temores, porque terminé teniéndole más miedo a seguir a su lado que a quedarme sola para siempre, curiosamente no podía estar peor de lo que estaba, y en cuanto me alejé de él recordé lo que era vivir en realidad, y fue un gran cambio sin duda, fue una sacudida a la realidad que vivía hasta entonces, pero fue positivo sin duda, fue lo mejor que me pudo haber pasado, por eso ahora trato de recordarme todo el tiempo que los cambios no son necesariamente malos, muchas veces son el comienzo de una vida mejor, muchas veces son precisamente aquello que necesitamos.

Autor: Sunky